Análisis crítico. Salvados: CARA A CARA ALBERT RIVERA Y PABLO IGLESIAS

 Antes de iniciar esta crítica-comentario personal, he de precisar que soy un gran seguidor del programa de Jordi Évole. Por ello, y no a mi pesar, me va a resultar arduamente complicado enjuiciar el para mi, mejor programa de la televisión nacional. Me defino orgulloso como un lisiado ante una carrera de 100 m lisos, solo ante lo improbable. Todo un desafío.

 Lo primero que pensé cuando vi anunciado el programa fue en la posibilidad de contemplar por fin un debate menos debate, una charla política pero alejada de los dogmas habituales de un “cara a cara”. Imaginé que hallaría algo más de los entrevistados, un detalle nuevo y revelador, algo que no hubiese visto antes. Creí que contemplaría una realidad con menos trazos de ficción, más cercana a lo auténtico y verdadero, más próximo a nuestro interés. Supuse que me encontraría con un escenario imparcial y sin adulterar. En definitiva, con algo que no fuera pura y simple televisión.

 Con un 25% aproximado de audiencia, sería de locos cuestionar la eficacia mediática de Salvados, de verdaderos hipócritas. De hecho, no lo voy a hacer. No es necesario, las cifras hablan por sí solas (siempre he sentido predilección por esta frase para cerrar todo tipo de enunciados con cifras. A veces, no mojarse es la mejor de las opciones). Una presentación exquisita, invitados de nivel y sumamente interesantes, un inmejorable “mediador” y un lenguaje al alcance de casi la población. Lo tiene todo.

 No obstante, una vez más, mis expectativas de espectador no se cumplieron (lo reconozco, me suele pasar muy a menudo). En primer lugar, la televisión está sobresaturada de “debates” que, cada vez con más intensidad, se convierten en totales conferencias llenas de intereses altamente politizados. Es decir, cada invitado expone su parte y se dedica a contradecir la del otro. Así sucesivamente, con pequeñas intervenciones exhortativas del mediador a modo de pausas. He de decir que en este caso particular, esta reiteración se cumple “parcialmente”, aunque sigue estando sobradamente presente. Una lástima. Aún espero con anhelo el día en el que un invitado ceda, cambie de opinión y de la razón al otro. Sería digno de ver.

 Una vez más, Pablo Iglesias y Albert Rivera han vuelto a repetir lo mismo de siempre, respondiendo a todo eso que tantas veces hemos oído. A mi, personalmente, ya me cansa. Me aburre atender siempre a las mismas voces, a los mismos personajes. Sería fascinante un “cara a cara” con rostros desconocidos, con gente llena de sorpresas y que, al menos, aportaran algo nuevo. Algo real.

 Resulta chocante esa primera escena de Rivera e Iglesias conversando en la parte de atrás de un coche, que naturales se les ve. Parece incluso que no se esperaran la entrevista. Nada más lejos de la realidad. De nuevo, lo que vemos es una ficción planificada, presentada como un producto espontáneo más novelesco que El Quijote.

 Así pues, como yo hice, os invito a que critiquéis todo cuanto os presenten, e incluso mucho más, aquello que os guste, pues eso significará que os ha convencido, que os ha derrotado.

-Daniel Vázquez Fernández

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