Análisis de “El Juego de la Muerte”

En el documental “El juego de la muerte” se realiza una investigación sobre el poder que ejerce la autoridad, representada por la televisión, sobre la población.

Partiendo de la base de que los programas emitidos en la televisión son cada vez más extremos, duros y humillantes, mediante una versión del experimento de Milgram de los años 60  se busca dónde está el límite de la presión televisiva y la obediencia del individuo bajo una figura autoritaria.

Esta autoridad está representada por el medio televisivo y mediante el experimento se demuestra la subordinación humana a éste. Se estudia la obediencia a dicha autoridad y el poder de manipulación que ejerce.

También se analizan las reacciones de los participantes del experimento cuando se encuentran bajo la presión televisiva. Desde la tensión hasta la total obediencia, pasando por diferentes fases como la risa, la rebeldía o el engaño la mayoría de los participantes son conscientes de que están realizando una tarea que va en contra de su conciencia pero debido al contexto televisivo,  la mayoría continúan acatando las ordenes.

Fuentes empleadas

Las fuentes que encontramos en el documental son las siguientes (organizadas por tipología):

PERSONAS

80 concursantes

Son los sujetos del experimento. Deben decidir si seguir jugando y formar parte del espectáculo o plantarse y ahorrar el sufrimiento a su compañero que recibe las descargas eléctricas. Nos hacen ver el gran poder de influencia que las figuras autoritarias ejercen sobre nosotros.

Animador del público

Supone una presión al público para que anime, y éstos a la vez presionan al concursantes a seguir jugando en la etapa final del juego.

Beauvois, Jean-León

Psicólogo y escritor francés nacido en 1943. Es una de las figuras científicas más importantes en el experimento y analiza el mismo concluyendo que el ser humano es capaz de legar a niveles de crueldad impresionantes debida a la presión de una autoridad.

Cámara

Es una de las figuras que más presión ejerce sobre los concursantes. Éstos estaban nerviosos y sumisos por la presencia de las cámaras y demás personal del concurso.

Coubert, Didier

Profesor universitario en la Escuela de Comunicación e Información de Marsella. Forma parte del grupo de científicos que participaron en el experimento. Se dedica concretamente a la psicología experimental y se encarga de evaluar e identificar las experiencias que están sufriendo los concursantes.

                

Julia

Es la azafata del programa. Es la chica encargada de atar al actor a la silla. No es ninguna figura de autoridad pero hace que el experimento sea más realista y sea como un concurso real.

Le Doyen, Laurent

Es un actor francés que interpreta en el experimento al concursante que recibe las descargas eléctricas. Presiona a los concursantes con sus quejas y así los pone a prueba.

Milgram, Stanley

Es el científico que puso en práctica por primera vez este experimento, del que hablamos más adelante

Oberlé, Dominique

Profesora de psicología social en la Universidad de París. Forma parte del grupo de científicos del experimento y aporta las conclusiones sacadas del mismo.

Productor

Es el que enuncia las reglas del juego, presenta a los concursantes y realiza el sorteo en su despacho. Supone una autoridad en la medida en la que aceptan esas reglas y no permiten abandonar el juego cuando el concursante quiere hacerlo. Muchos concursantes decían no abandonar porque eran las reglas.

Young, Tania

Es la presentadora del concurso experimental. Toma la figura de la autoridad y pone a prueba a los concursantes con sus invitaciones a seguir jugando. No “permite” que los concursantes se planten a la primera vez que se lo proponen, los presiona hasta que siguen jugando o deciden rotundamente plantarse.

INVESTIGACIONES

Experimento de Stanley Milgran

En un primer momento, el equipo de investigación científica de Ledoyen analiza la curva de desobediencia de los individuos, de entre los que destacan tres fases puntuales. Este análisis pretender ver la tensión de los concursantes al someterse a un grado de sumisión en que no saben si enfrentarse para frenar la situación u obedecer a la autoridad presente.

El primer contacto con la tensión indeseada se denomina proceso de compromiso con la autoridad, al firmar el contrato que ata al individuo a someterse a una serie de condiciones que debe respetar. Seguidamente, el programa se desarrolla.

Los síntomas de vulnerabilidad del concursante comienzan con la aparición del estado agéntico: el instante en el que los concursantes creen ser autónomos, con poder de decisión de sus actos. Ante esta situación, su vulnerabilidad aumenta y, por tanto, cuando una fuerza superior (en este caso, la presentadora) fuerza a cumplir sus órdenes, sufrirá un proceso de ejecución, en el que el sujeto acatará aunque no se corresponda con sus valores éticos y morales.

La primera fase que experimentan cuando llegan a la palanca de los 80 voltios: se produce cuando el concursante empieza a notar el dolor de las descargas aflojando una risa. Los examinadores responden con otra risa,  fruto de la tensión acumulada. Los examinadores descargan energía y son empujados a la obediencia. Gracias  a esta acción, los concursantes se auto conciencian de que ellos no son los detonantes de su dolor.

La segunda fase sigue con 180 voltios. El concursante de la cabina grita que se pare el juego debido al insoportable dolor que sufre. Empieza el debate moral del concursante, quien debe decidir si se enfrenta a la autoridad para  dejar el juego y, así, el concursante deja de sufrir u obedecer a la autoridad. La presentadora, a pesar de las súplicas del concursante, pide al examinador que continúe con la partida. Sin embargo, la acecha en ellos. Se trata de una lucha de valores que conducen a los que acatan a hacer trampas en el juego para poder ayudar al compañero. Vuelve a ser otro método para repeler el sentimiento de culpa.

Se produce una tercera fase al rozar los 320 voltios. En ella, reaparece el estado agéntico. Los examinadores intentan alejarse de los gritos del concursante para no sentirse condenados. Quieren terminar cuanto antes porque sufren, por tanto, ignoran al sujeto. A pesar de que muchos saben que es mentira, nadie se levanta para parar el juego.

Los más atrevidos se enfrentan a la presentadora negándose a seguir con la tortura, estrategia que no pasa desapercibida por Young, quien ataca con la técnica de exhortación: preguntar al público sobre qué debe hacer el concursante para volver a ejercer presión en su decisión. Solo 9 concursantes combatieron a la autoridad verdaderamente.

La investigación de Ledoyen da un paso más allá y decide, en otra práctica, analizar el nivel de sumisión de diez concursantes al no haber presentadora presente en el plato. Los resultados dieron un giro de 180º, pues el 75% de ellos escucharon las súplicas de Laurent y pararon el juego, sin que la presión televisiva pudiese con su pensamiento.

La conclusión que ofrece, entonces, es el poder que tiene la televisión sobre nosotros sin que seamos conscientes del desastre que puede causar en nuestras mentes si no controlamos los contenidos; somos seres fácilmente manipulables.

ESPACIOS EN DONDE SE DESARROLLA LA ACCIÓN DEL PROGRAMA

El primer contacto de los examinadores con la autoridad se produce en despacho de procucción. Los concursantes formalizan el contrato que les obliga a cumplir con las condiciones y exigencias de la directiva, además de constatar el papel que les corresponde dentro del programa. A partir de este mismo instante, los concursantes empiezan a acatar y a insumirse en la autoridad, son víctimas del proceso experimental de Stanley Milgran.

El segundo espacio en el que se desarrolla parte de la acción es el plató de televisión. Bajo el nombre de ‘La zona extrema’,  el equipo simula la participación en un reality show a 80 personas que, en realidad, son objeto de investigación sobre la lucha de valores y el enfrentamiento contra la autoridad de los individuos. Los investigadores observan el comportamiento de los individuos dentro del plató y sus capacidades para enfrentarse a los episodios preparados.

EMPRESAS

Equipo técnico programas de entretenimiento que presta el plató de TV, en donde se desarrolla el experimento.

Empresa especializada en contratación de público para televisión, realiza un casting para seleccionar a 2000 espectadores que desconocen lo que van a ver.

Una empresa de mercadotecnia: contrata y selecciona a los 80 candidatos a través de un cuestionario y proceso de selección.

Antecedentes del experimento

La base y matriz fundamental sobre la que se asienta El juego de la muerte es, única y exclusivamente, el singular experimento del psicólogo norteamericano Stanley Milgram. Esta investigación surge en el ámbito más sensible de la psicología social, en un intento por dar respuesta y dotar de un polémico sentido al germen de todo ese conglomerado de atrocidades y horrores definitorios de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Tras esta, muchos de los criminales de guerra declararon que simplemente habían ejecutado órdenes y que por ello, bajo ningún concepto, podían ser considerados responsables de sus actos. Así pues, Milgram se preguntó hasta qué punto la autoridad influía y/o determinaba la conducta del individuo. En una situación marcadamente jerarquizada, ¿hasta qué punto somos plenamente libres, autónomos y responsables?

  En su obra  Obedience to authority (Obediencia a la autoridad, 1974) se plantea el siguiente enunciado, raíz y eje central de su experimento: “¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas a otra persona si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?” De esta forma, Milgram articula un escenario muy similar al del programa Zona Extrema, sin contar obviamente con el público como factor coactivo. De nuevo, tres figuras esenciales: el “experimentador”, el “maestro” (el sujeto a analizar) y el “aprendiz” (el “sujeto” encuestado). Como podéis imaginar, la mecánica del experimento es intrínsecamente similar. El “maestro” es instruido para enseñar pares de palabras al “aprendiz”, dotado de un minuto para memorizarlas. De esta forma, cada vez que el “aprendiz” erraba una palabra, el “maestro” le propinaba una descarga eléctrica, que aumentaba en 15 voltios con cada fallo. El juego seguía, manteniéndose en todo momento el gran engaño: nadie sufría las descargas, únicamente se reproducía una grabación con los gritos del “aprendiz”. Así, el “maestro” creía firmemente que estaba dañando a otro ser humano, nada más lejos de la realidad. Pues es esa creencia la base y fundamento del experimento. ¿Hasta qué punto podía seguir propinando castigos el “maestro? En la respuesta a esta pregunta se torna esencial la figura del “experimentador”, representante de la más férrea autoridad. Con esto, conforme los alaridos del “aprendiz” aumentaban, la reacción del “maestro” era más que predecible: confusión, incredulidad, sorpresa y, en pocas ocasiones, desacato. Por ello, a través de fórmulas de provocación predefinida como “Continúe, por favor”, “El experimento necesita que usted siga”, “No tiene otra opción, debe continuar” o “Yo soy el responsable” se conseguía (en gran parte de los casos) mantener al “maestro” totalmente aferrado al experimento, generando en él una situación de alivio y confianza.

  Como resultado, si bien la mayor parte de los sujetos manifestaron síntomas de tensión e incomodidad, la totalidad de los 40 seleccionados obedecieron hasta los 300 voltios, continuando 25 de ellos hasta los 450 voltios finales.

  En definitiva, la conclusión a la que llegó Milgram fue tan reveladora como previsible (si visualizamos críticamente El Juego de la Muerte, seremos conscientes de ello): el ser humano, en su gran mayoría, está dotado de un comportamiento casi innato que lo lleva a someterse a toda autoridad.

Antecedentes del experimento

La base y matriz fundamental sobre la que se asienta El juego de la muerte es, única y exclusivamente, el singular experimento del psicólogo norteamericano Stanley Milgram. Esta investigación surge en el ámbito más sensible de la psicología social, en un intento por dar respuesta y dotar de un polémico sentido al germen de todo ese conglomerado de atrocidades y horrores definitorios de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Tras esta, muchos de los criminales de guerra declararon que simplemente habían ejecutado órdenes y que por ello, bajo ningún concepto, podían ser considerados responsables de sus actos. Así pues, Milgram se preguntó hasta qué punto la autoridad influía y/o determinaba la conducta del individuo. En una situación marcadamente jerarquizada, ¿hasta qué punto somos plenamente libres, autónomos y responsables?

  En su obra  Obedience to authority (Obediencia a la autoridad, 1974) se plantea el siguiente enunciado, raíz y eje central de su experimento: “¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas a otra persona si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?” De esta forma, Milgram articula un escenario muy similar al del programa Zona Extrema, sin contar obviamente con el público como factor coactivo. De nuevo, tres figuras esenciales: el “experimentador”, el “maestro” (el sujeto a analizar) y el “aprendiz” (el “sujeto” encuestado). Como podéis imaginar, la mecánica del experimento es intrínsecamente similar. El “maestro” es instruido para enseñar pares de palabras al “aprendiz”, dotado de un minuto para memorizarlas. De esta forma, cada vez que el “aprendiz” erraba una palabra, el “maestro” le propinaba una descarga eléctrica, que aumentaba en 15 voltios con cada fallo. El juego seguía, manteniéndose en todo momento el gran engaño: nadie sufría las descargas, únicamente se reproducía una grabación con los gritos del “aprendiz”. Así, el “maestro” creía firmemente que estaba dañando a otro ser humano, nada más lejos de la realidad. Pues es esa creencia la base y fundamento del experimento. ¿Hasta qué punto podía seguir propinando castigos el “maestro? En la respuesta a esta pregunta se torna esencial la figura del “experimentador”, representante de la más férrea autoridad. Con esto, conforme los alaridos del “aprendiz” aumentaban, la reacción del “maestro” era más que predecible: confusión, incredulidad, sorpresa y, en pocas ocasiones, desacato. Por ello, a través de fórmulas de provocación predefinida como “Continúe, por favor”, “El experimento necesita que usted siga”, “No tiene otra opción, debe continuar” o “Yo soy el responsable” se conseguía (en gran parte de los casos) mantener al “maestro” totalmente aferrado al experimento, generando en él una situación de alivio y confianza.

  Como resultado, si bien la mayor parte de los sujetos manifestaron síntomas de tensión e incomodidad, la totalidad de los 40 seleccionados obedecieron hasta los 300 voltios, continuando 25 de ellos hasta los 450 voltios finales.

  En definitiva, la conclusión a la que llegó Milgram fue tan reveladora como previsible (si visualizamos críticamente El Juego de la Muerte, seremos conscientes de ello): el ser humano, en su gran mayoría, está dotado de un comportamiento casi innato que lo lleva a someterse a toda autoridad.

Otros experimentos similares

Existen más experimentos que demuestran al igual que Milgram o los investigadores del “Juego de la Muerte” que los seres humanos podemos actuar de maneras especialmente amorales e incluso inhumanas cuando nos sacan de nuestro hábitat o nos vemos superados por una situación. Por ello, hemos buscado más estudios sobre el comportamiento no ético en el ser humanos, estos son los siguientes.

La tercera Ola

En 1967, Ron Jones, un profesor de la Universidad de California puso en marcha un experimento para tratar de explicar la ola de odio surgida contra los judíos en la Alemana nazi. Para ello, creo el movimiento Tercera Ola que consistía en poner en marcha en la clase algo similar a un sistema totalitario. Comenzó introduciendo normas sencillas como levantarse para intervenir en clase, poco a poco las fue ampliando, introdujo un saludo similar al nazi y animó a los alumnos a buscar a más gente que se uniese al movimiento. Cuando Jones se dio cuenta del alcance del movimiento decidió congregar al aula con la promesa de un discurso donde se elegiría al candidato a las elecciones nacionales. Sin embargo, lo que realmente hizo fue mostrarle un televisor sin señal y explicarles el por qué del experimento.

Este experimento mostró la facilidad de crear un estado totalitario a pesar de estar en pleno siglo XXI. La mayoría de los seres humanos prefieren seguir ligados a un grupo antes de quedarse solo, tal es este sentimiento que hasta las malas acciones están permitidas, en este caso el menosprecio y el acoso a los que se consideran distintos.

Tan famoso fue el experimento que en 2008 el director alemán Strasser estreno una película simulando este experimento y transmitiendo así lo aprendido a toda la población de hecho es una proyección bastante usual en el mundo académico.

El efecto espectador

El asesinato de una mujer en EEUU por un hombre presenciado por 38 personas de las cuales sólo una llamó a la policía quince minutos después, suscitó que John Darley y Bibb Latané desarrollaran en 1968 un experimento sobre la apatía del espectador de una desgracia. Se crearon dos situaciones, en una el participante hablaba con una persona en una habitación separada a través un intercomunicador. Mientras hablaban de temas personales, la otra persona simulaba un ataque epiléptico, para averiguar como reaccionaría el participante ante esa situación. El 85% de los participantes dejaba la habitación para ir a buscar ayuda. La segunda situación era la misma pero se le hacía creer al sujeto del estudio de que junto a su interlocutor se encontraban cuatro personas, en este caso solamente se levantaban el 31% de las personas.

Esto nos muestra que las personas buscamos eludir la responsabilidad cuando presenciamos una situación grave en la que preferimos no involucrarnos, pues pensamos que si hay más personas otro lo solucionará o que si nadie más pide ayuda la situación no será tan grave.

El estudio monstruo

Wendell Johnson para demostrar que las personas aprenden mejor si el profesor se preocupa por ellos y refuerza el aprendizaje con actitudes positivas a que si utiliza castigos o el maltrato físico o psicológico.    Para ello escogió a 22 huérfanos, 10 de ellos tartamudos y los dividió en dos grupos, el del buen trato y el del malo. Los resultados del estudio apoyaban la teoría de Johnson pero dejaban como consecuencia varios trastornos psicológicos en varios de los niños.

Este experimento fue muy criticado por la comunidad científica hasta el punto que se considero un fracaso pues lo único que se consiguió fue provocar daños en alguno de los sujetos.

La cárcel de Stamford

El profesor de psicología Philip Zimbardo realizo en 1971 un experimento para investigar las causas del conflicto en las cárceles. Para ello escogió a una serie de estudiantes que a cambio de un sueldo participarían en la investigación. Después los dividió al azar entre presos y guardias en una prisión falsa de la universidad. Al segundo día del experimento los guardias comenzaron con las vejaciones a los encarcelados que enseguida se perdieron de control, llegando a la tortura psicológica. El experimento tuvo que cancelarse al cabo de seis días.

Zimbardo demostró como puede afectar el poder a las personas, que en tan sólo un día si ven posible perderlo, llegan al maltrato de sus iguales. Por tanto “el experimento de la cárcel de Stanford de Philip Zimbardo nos enseña que es cuando renunciamos a la posibilidad de cuestionar los mandatos cuando nos convertimos en dictadores o esclavos voluntarios” (Adrián Triglia, 2011)

Experimento de Asch

El psicólogo Solomon Asch quería conocer que era lo que empujaba a una persona a actuar en contra de sus creencias, valores y de su percepción. Para ello, realizó un estudio en el que reunía grupos de 7 y 9 personas dentro de un aula. En todas ellas existía un sujeto crítico que no conocía la dinámica del experimento mientras que las restantes seguirían una dinámica común establecida. El experimento se desarrollaba de la forma siguiente: el moderador mostraba parejas de cartulinas en una había una línea vertical y en la otra había otras tres de diferente longitud. Los sujetos debían decir cuál de las tres coincidía con la longitud de la primera. El sujeto crítico siempre era de los últimos en responder para conocer así la respuesta del grupo.


En las diferentes pruebas se observó que el sujeto crítico llegaba a cambiar su respuesta para acomodarse al grupo y que cuando respondía en contra de la mayoría se observaba un cierto malestar. Esto se debe a la necesidad del ser humano a sentirse aceptado dentro de un colectivo. Este experimento podría tener alguna similitud con el realizado por Jones,” La tercera ola”, pues los dos extraen como resultados el miedo de un ser humano a verse excluido de un grupo.

El experimento de Robber ́s Cave

Muzafer Sherif y Carolyn Sherif desarrollaron en 1954 en un campamento boy scout un estudio para averiguar el origen de los prejuicios en los grupos sociales. En él participaron 22 adolescentes de 11 años de edad. Desde un principio dividieron a los jóvenes en dos grupos que no sabían la existencia del otro. Los monitores eran realmente los investigadores que comenzaron a crear fricciones entre los grupos, a base de competencias deportivas. Rápidamente se hizo patente la hostilidad entre los dos por lo que se tuvo que llegar a la tercera fase donde se introdujeron tareas que requerían la cooperación, esto acabo inmediatamente con las hostilidades. Este experimento demostró lo susceptible que es el ser humano a que le influyan en su modo de tratamiento hacía otros que cree rivales. Por tanto la rivalidad surge con el prejuicio de la superioridad de uno sobre el otro que se debe mantener a toda costa, pero cuando eso se rompe y es preciso colaborar la rivalidad desaparece.

Todos estos experimentos fueron aceptados por la comunidad científica y por la sociedad en general pero también cabe plantear que ahora serían muy polémicos por su metodología. Fuera de si cumplieron con valores éticos o no, algunos de ellos hicieron grandes avances en el mundo de la psicología social como fue Asch con su experimento o Jones con “La tercera ola” demostrando que un nuevo sistema similar al nazi es posible.

Los seis así como el de Milgrand enseñan el lado oscuro del ser humano y explican el por qué de ese comportamiento pero a la vez también hay que apuntar que sus resultados no son concluyentes pues como personas no todas se comportaban con el mismo patrón por ejemplo de los estudiantes implicados en “La ola” algunos no aceptaron el movimiento desde el principio, otros lo dejaron cuando vieron en que se convertía y la mayoría pudo volver a una vida normal.

Conclusión argumentada del análisis

En el documental “El juego de la muerte” dirigido por Christophe Nick, Gilles Amado, Thomas Bornot y Alain-Michel Blanc se realiza un experimento que ahonda en los límites de la obediencia a la autoridad. Deciden emular el experimento de Milgram que tenía unos objetivos muy semejantes. Además, reflejan con el proyecto la influencia del medio televisivo.

El tema en sí, ya había sido tratado anteriormente, pero nos presenta la novedad de la televisión como autoridad. Los resultados no varían significativamente con los del experimento base, pero la información se hace mucho más dinámica en este formato audiovisual. Sin embargo, la elección de este también tiene sus contras; cae en cierta medida en lo criticado al presentar los datos de una forma tan subjetiva. El hecho de editar el vídeo para exponer mucho más partes como la risa de los concursantes hace que el documental cause un mayor impacto, y a su vez, sea menos riguroso a nivel científico. Esta carencia se hace notar principalmente en que el criterio de selección de las imágenes mostradas en los casi veinticinco minutos de vídeo se fundamenta en el ya mencionado impacto y no en el interés puro.

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